La religión mayoritaria es el catolicismo, con un 65% de adeptos, aunque gran parte de este porcentaje no son practicantes. Hay 2% de protestantes y un 1% de judíos. El componente de religiones sincréticas entre el catolicismo y religiones africanas posee creciente importancia. Aproximadamente el 31% de la población no profesa ninguna religión
El Estado uruguayo es laico, con absoluta libertad de cultos. La separación Iglesia-Estado fue establecida en la Constitución de 1919 como culminación de un proceso de secularización que había comenzado en 1877 con la aprobación del Decreto Ley de Educación Común redactado por José Pedro Varela que establecía la no obligatoriedad de la educación religiosa en las escuelas. Existe en la sociedad un amplio clima de tolerancia hacia los distintos cultos. La Constitución y la ley prohíben la discriminación por razones religiosas
Se considera que Uruguay es el país más secular de los hemisferios occidentales y meridionales.
Según una ambiciosa investigación de Néstor Da Costa, sociólogo , el 81% de los uruguayos cree en Dios, aunque lo hace muy "a la uruguaya". El informe relevó la existencia de unos 70 cultos religiosos en el país.
El 81% de los montevideanos cree en Dios, pero construye su religiosidad "a su manera" y cada vez más lejos de los cultos e instituciones religiosas.
Los uruguayos son religiosos, son gente que cree en la trascendencia. Por ejemplo, el 81% de los montevideanos cree en eso. Y son laicos a la vez. No hay una falsa oposición entre ser laico y ser religioso. Es una sociedad que conformó su propio itinerario religioso y decidió que se puede ser religioso sin llevar al Estado o a lo público a la confesionalidad, sostiene el estudio de Da Costa.
La creencia en un Dios siempre se mantuvo. Es una constante: nunca bajó del 80% la cantidad de creyentes en Dios en Montevideo, que además se supone que es menos religioso que el resto del país. Siempre hay un núcleo que está entre el 12 y 14% de ateos, que es alto en comparación con el resto de América Latina. Hoy el mundo católico sigue siendo el mayoritario, un 54% de los montevideanos se identifica con el catolicismo y hay un fuerte crecimiento del mundo evangélico, que era el 4% y ahora es el 11%.
También se nota que ha caído el prejuicio antirreligioso por el cual expresar lo que uno creía en ciertas generaciones o ambientes era difícil. Hoy cada uno expresa lo que quiere. Por momentos estuvo sancionado ir a misa o ser metodista o de cierto culto, por ejemplo umbandista. Todavía se mantiene bastante sobre este último... Lo que ha caído es la capacidad sancionadora de la cultura uruguaya a lo religioso. Y las nuevas generaciones tienen cada vez más una mayor capacidad de expresar religiosidad.
Otro fenómeno es la "diversificación" en el campo religioso, en los estudios de los años 40 o los 50 aparecen católicos, protestantes y judíos. Hoy ese abanico es mucho más amplio. Todavía se puede abarcar entre católicos y protestantes la gran mayoría, juntos son el 65%, pero hay un 9% que cree en Dios sin iglesia. Además hay un decrecimiento fuerte del mundo judío en religiosidad, y está la aparición de toda la religiosidad venida de Oriente, que todavía es chica pero empieza a ser más notoria. Se nota en la encuesta que empieza a aparecer el tema de la reencarnación, que en Uruguay antes no existía como tema. Hay toda una pluralización, hay unas 70 religiones en Uruguay, desde católicos, protestantes y judíos a espiritistas, mahometanos, bajai y budismo zen...
Está también todo el fenómeno afrobrasileño que viene creciendo en fuerza y legitimidad, todavía hay sectores que lo practican y no se animan a declararlo, pero viene creciendo.
Las religiones grandes, católicos y protestantes, atraviesan todos los estratos sociales. Los cultos afrobrasileños también atraviesan todos los estratos, pero en los sectores de medio a medio bajo tienen más cantidad de gente. Y los pentecostales tienen una fuerte penetración en los medios sociales más bajos.
El crecimiento de los afrobrasileños es marcado, crecieron en relación con la última medición que es del ’94, pero además todo indica que son parte de cierta cultura: el 2 de febrero en las playas es una actividad que incluso figura en las guías turísticas de Uruguay, hay una estatua de Iemanjá inaugurada por la autoridad pública, los paes y las maes ahora son visibles y conocidos, van a programas de radio y televisión.
Hay varios circuitos. No vienen del mundo protestante y no conviven con el mundo protestante. El catolicismo tiene un panorama diferente, por su propia vastedad. Un 54% se dice católico pero la práctica está en el 4%. Allí entonces hay un grupo de gente que se puede definir como católico pero también va al "terreio".
Hay religiones que plantean una especie de exclusividad: si uno es pentecostal no va a ser nunca afroumbandista. El día de Iemanjá uno puede ver a un grupo en la vereda frente a la playa Ramírez gritando: "sólo Cristo es la salvación" y cantando con guitarras. Son los pentecostales. Esos grupos tienen identidades excluyentes.
Están creciendo en consideración social pero todavía tienen una gran sanción por parte de buena parte de la población que declara no compartirlos o que los ve como algo raro. Mirados fríamente los pentecostales y los umbandistas son los que han incorporado más rápidamente la posmodernidad: el canto, el baile, el cuerpo y la sanación, esta última apuntando a la inseguridad con que se vive en este mundo, donde el imaginario dice que nos podemos contagiar de algo y morir de un día para el otro. Ellos están incluyendo las tendencias sociales por las que surgió la posmodernidad: lo subjetivo, lo vivencial.